Estimados colegas:
El proceso de llegada e instalación de los NAP en las escuelas de Mendoza
tiene un devenir heterogéneo. Algunos de Uds. ya han tenido contacto con el
material, otros no. Algunos, ya están acompañando a sus escuelas en el trabajo
con los NAP; otros todavía no. A su vez, hay diferencias en cuanto al contacto con
el material que han tenido los docentes de los distintos ciclos. Es posible que
conozcan mucho más los NAP los docentes de EGB1 y de EGB2 y mucho menos los
docentes de EGB3 porque los NAP del tercer ciclo se han terminado de construir
entre diciembre del 2005 y febrero de 2006 y no alcanzaron todavía a difundirse lo
suficiente. Dadas estas diferencias, estas líneas apuntan a construir con Uds.
criterios para el trabajo con los NAP. Sea para iniciar el trabajo con ellos o para
continuarlo.
Se me ocurre que tal vez a Uds., como me pasó a mí cuando me contacté
con los NAP, les surjan muchas preguntas. Veamos algunas de ellas.
¿Para qué sirven?
Tal como podemos leer en la Introducción del cuadernillo de los NAP, estos
han sido pensados como un insumo necesario para dar solución a la
fragmentación del sistema. Si bien esta fragmentación se extiende por toda la
Argentina, golpea a cada docente cuando se para frente a sus alumnos. Cualquiera
que haya transitado un aula sabe que los conocimientos previos y las capacidades
de los alumnos son muy diferentes según sus recorridos autobiográficos.
Al llegar los alumnos al tercer ciclo, buena parte de este recorrido está
innegablemente entretejido con las oportunidades que le dio la escuela de aprender
y desarrollar sus capacidades. Los NAP son un medio, una “herramienta” dice el Lic.
Filmus, para que cada maestro, cada profesor; sea cual fuere la escuela en la que
trabaje; oriente su tarea de manera tal que cada uno de los niños y jóvenes
argentinos, sin importar la escuela a la que asistan, logren un conjunto de
conocimientos y de capacidades comunes.
Las diferencias seguirán existiendo, son inevitables, necesarias y
enriquecedoras pero habrá un piso común, establecido por los NAP, que nos
sostendrá a todos para asegurarnos la vida en comunidad.
Reconstruir el tejido social pasa, entre otras cosas, por el hecho de que
todos tengamos derecho a tener los conocimientos necesarios para la vida en
sociedad. La inclusión social pasa también por el conocimiento compartido.
De lo dicho se desprende que no es posible hacer una adaptación de
los NAP tal como podemos hacer con los contenidos del DCP (porque
volveríamos a caer en la misma fragmentación). Por lo tanto no pueden existir
constructos tales como los NAP provinciales o los NAP institucionales. A no
ser que se trate de acuerdos que superen la propuesta de los NAP (=pongan metas
más altas) dado que los NAP son acuerdos mínimos. En un documento de la CTERA
leí una frase interesante. Decía algo así: para garantizar resultados homogéneos
deben seguirse recorridos heterogéneos. De manera que los NAP deben constituirse
en el horizonte de expectativa de la tarea escolar para asegurarnos de que todos
los niños y jóvenes argentinos tengan, siguiendo recorridos diferentes, los mismos
aprendizajes.
El objetivo de estas reuniones es lograr acuerdos acerca de cómo
se gestionará en la provincia la tarea pedagógica de anclar los NAP
en la realidad cotidiana de cada aula.
Si bien el material ya está en las escuelas y ya está en manos de los
docentes, los que venimos transitando el sistema desde hace muchos años,
sabemos que es necesario hacer un acompañamiento y un seguimiento estrecho
hasta que las innovaciones arraigan en el cotidiano escolar.
¿Cómo se hicieron los NAP?
En el seno del Consejo Federal se advirtió que no había equidad en los
aprendizajes que los alumnos obtenían, es decir que, los CBC y los diseños
curriculares no habían logrado constituirse en los instrumentos necesarios para
asegurar que todos los niños y jóvenes estuvieran alcanzando los mismos
resultados. El Consejo Federal facultó al Ministerio de la Nación para coordinar las
acciones necesarias para elaborar los NAP. El Consejo Federal consideró que esta
tarea podía realizarse en las áreas de Lengua, Matemática, Ciencias Sociales y
Ciencias Naturales puesto que hay enormes diferencias entre las distintas
jurisdicciones (que por ahora no se pueden zanjar) en lo que respecta a la manera
en que se trabajan el área de los Lenguajes Artísticos y en la de Educación Física.
Así fue como la Comisión Curricular del Ministerio Nacional encaró un estudio
de todos los diseños curriculares provinciales y sobre la base de ese trabajo
propuso los NAP que fueron debatidos en distintos encuentros por los referentes
jurisdiccionales (en mi caso, asistí al debate de los NAP de segundo ciclo (marzo de
2005) y al del tercero (noviembre de 2005)). Luego de estos debates los NAP
fueron aprobados por el Consejo Federal. De manera que no es acertado
decir que los NAP son nacionales, la provincia participó en las
reuniones del Consejo, alentó y aprobó las acciones relacionadas con los
NAP. Los NAP son también una acción provincial desde el
momento en que es una acción federal. Es por eso que en total
consonancia con lo realizado por el Ministerio de la Nación, la DGE se dispone ahora
a acompañar en las escuelas en el proceso de incorporar los NAP en las prácticas
escolares.
¿Son los NAP aprendizajes acreditables?
La resolución que les da origen establece claramente que los NAP no
se constituyen en aprendizajes acreditables pues estos se encuentran en
los DCP. ¿Y entonces qué? Bueno, tal como Uds. saben, hace tiempo que hemos
superado esa visión técnica dura que establecía que se evalúa todo lo que se
enseña y todo lo que se evalúa sirve para acreditar. Hay muchas cosas que
enseñamos y no evaluamos y sabemos que no todo lo que evaluamos es
fundamental a la hora de decidir la acreditación de un alumno.
Posiblemente uno de los aspectos interesantes para observar en este
proceso de construir criterios para trabajar los NAP es el de analizar la distancia o
cercanía de los NAP con los aprendizajes acreditables del DCP.
Trabajar con los NAP tal vez suponga un entrecruzamiento con los
documentos ya existentes pero el desafío mayor al que nos enfrentan los NAP es el
de centrar nuestra mirada en el aula, en lo que el docente hace allí para
provocar esos aprendizajes. Los NAP sirven para ayudarnos a mirar si las
actividades que se realizan en el aula están llevando a los aprendizajes esperados.
Todos sabemos que las profundas transformaciones que ha sufrido el sistema
educativo en esta última década no ha tenido el grado de repercusión esperado en
los aprendizajes de los niños y jóvenes. Los NAP señalan qué se espera que los
chicos aprendan con los diseños curriculares existentes. Por lo tanto lo que se
busca es que los NAP produzcan cambios sustanciales en las prácticas de
enseñanza.
Como Uds. saben, se entiende por práctica “a las conductas ritualizadas o
espontáneas que, acompañadas o no de discurso, manifiestan (revelan) las
identidades, y hacen reconocer el poder”. (Chartier, 2000, 124). Es decir que
cuando decimos que los NAP son una oportunidad de revisar las prácticas docentes,
estamos diciendo que son una oportunidad de analizar esas maneras habituales
(ritualizadas, es decir que no se ponen en cuestión, que no se analizan) de enseñar Lengua, Matemática, Ciencias Sociales, etc.. Estas maneras de enseñar ritualizadas
guardan relación con los recorridos autobiográficos que hemos tenido los docentes.
Y estos recorridos autobiográficos, a su vez, están atravesados densamente
también por las prácticas escolares que vivimos tanto como alumnos como
docentes. En tal sentido seguimos aquí a Diker y Terigi, 97, quienes, se preguntan
qué es lo que forma en la formación docente. Asumen que la formación docente
inicial (la que se recibe en los institutos) es una low impact enterpise, es decir, una
empresa de efectos débiles porque las prácticas docentes se modelan no sólo en los
institutos sino en distintos ámbitos de formación como pueden ser la trayectoria
escolar previa o biografía escolar de l@s docent@s y la socialización profesional que
se desarrolla en las escuelas al compás de la experiencia laboral.
He aprendido muchas cosas en estos años de transitar las escuelas. Una de
esas cosas es que la capacitación docente también es una empresa de efectos
débiles porque es en la realidad de la escuela en donde se gestiona la práctica
docente. Es en la comunidad escolar en donde se inscribe el sentido del quehacer
docente es decir: el qué hacer, cómo hacerlo y para qué hacerlo. En otras palabras,
lo real de la educación, aunque esto sea una verdad de Pero Grullo no se encuentra
en los institutos de formación ni en los cursos de capacitación. Lo real de la
educación se encuentra en la escuela. De allí que la gestión es el espacio clave
del cotidiano escolar toda vez que es esta una instancia formante de las
prácticas docentes.
Mgter. Prof. María Julia Amadeo
Comisión Curricular de la Provincia de Mendoza |